La estructura del aparato psíquico será representada por una máquina de escribir.

-Derrida-

HOY, donde esté Van Gogh

GRAFFITIS EN MADRID

GRAFFITIS EN MADRID
hombre en la ventana, Daniel Moreno García

“Si mi libertad no estuviera en el libro, ¿dónde estaría? Si mi libro no fuera la libertad, ¿qué sería?” -Edmond Jabès-

viernes, 17 de junio de 2011

EL AVAL OCULTO


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EL AVAL OCULTO




fotografía de Irving Penn






Matar o morir, como Cristo. Y después: morir o matar, como el Anticristo.


Estoy escuchando la canción de Camilo Sesto “Amor… amar”, y sé que, en esa dialéctica, nadie que me viese llorando, podría creer que no soy cristiana. Muy cristiana.
Pero yo sólo me acuerdo de Begoña. Begoña con 15 años los domingos por la noche en el colegio de Vallecas que adoraba a Camilo Sesto. Me gusta ver los vídeos en sus versiones antiguas con absoluta diferencia respecto a las indudables mejoras en sonido que hay en la actualidad. Las imágenes, los colores, los gestos, la moda, todo lo que yo veo ahí, es un lenguaje a descifrar. Recuerdo a Begoña traída al presente por primera vez un día que me encontraba yo trabajando en el Hospital; era de madrugada y estaba tranquilo, la radio se había quedado sonando bajita y pusieron esa canción… desde los primeros compases, se había ya puesto en marcha la magia de las asociaciones, pero al llegar a donde dice: “yo voy por las calles con tu nombre cerrado en mi puño y voy arrastrando una bufanda con recuerdos hacia el olvido…”, en particular lo de la bufanda, me pareció una hermosa metáfora. Quizás luego vuelva a lo sentimental, pero ahora, tengo que decir algunas cosas. Hasta qué punto estará programado lo que sí se puede decir o lo que no, me queda mostrado en efectividad si pongo como ejemplo que una frase (o verso) de los más reconocidos de Pessoa, es aquel que dice que “todas las cartas de amor son ridículas”. Me viene a la cabeza también: “nina, ninita, ninón, mi chiquita, mi pompón…” de Blaise Cendrars; lógicamente, ambos no son reconocidos por esas frases sino por el conjunto de sus obras. Pero digo que, si lo dice alguien que consiguió la autoridad para decirlo, las frases son válidas, pero si son lo que en verdad son, frases, entonces no lo son. En el caso de Pessoa, el poema creo que le da al amor una conclusión de índole filosófica, como abnegando en la simplicidad que es. Blaise Cendrar, va mucho más allá en esa Prosa del Transiberiano, muchísimo más allá, describiendo magistralmente escenas del Tiempo con mayúscula y de la Guerra… que también.


La “filosofía” de Pessoa, de momento en ese poema, no reside en el hecho de ejercer como filósofo en su decir, sino en que, siendo escritor, estando posicionado en ese lugar cuando lo dice (y mucho más ahora que lo autorizó el gran juez que es el tiempo), “hace filosofía” desde el momento en que le presta su escritura a un fenómeno al cual denomina con el calificativo de ridículo: cartas ridículas… y ocurre que esconde, escamotea, al poeta para decirlo y parece un filósofo. Lo trascendente está en que el amor es algo que le pasa a todos los seres humanos, eso no tiene necesidad de ser justificado, y bajo ese ahorro en cuanto a las palabras, es posible que el poema haga lo que hace. Y a eso es a lo que se le llama imaginario universal. Exactamente igual que en la canción de Camilo Sesto, el amor es el aval oculto; me atrevo a decir que “una bufanda” lo representa como lo tan particular que se aparece para todos y cada uno cuando se da; me refiero lógicamente a esa clase de amor, en otra clase, tendría que ser representado por otra metáfora. Una bufanda es algo estrechamente pegado a un cuerpo; una calle es un lugar absolutamente común; arrastrar es, como lo largo, algo que puede perfectamente significar la duración de “un tiempo”… “un largo tiempo”… Y, claro, el instrumento llamado personificación por el que el sujeto ni se nombra salvo por los tiempos verbales, el presente de indicativo “voy” que, en la imagen que a mí me suscita, es alguien que va caminando con la cabeza vuelta a medias hacia atrás y el brazo, derecho concretamente, bien recogiendo la bufanda, bien yéndose con ella.





13 de mayo de 2011





Angel Eye
















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domingo, 12 de junio de 2011

Hölderlin // Brahms

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Friedrich Hölderlin

A LOS JÓVENES POETAS





 

Mis queridos hermanos, quizá va a madurar
nuestro arte, tras un largo fermentar juvenil,
y llegará a lograr la calma de lo bello;
no dejéis la virtud, imitad a los griegos.

A los dioses amad, pensad en los mortales.
Ni ebriedad ni frialdad, ni descripción
ni lección; si os asusta algún maestro,
pedid sólo consejo a la naturaleza.





Traducción de 
Federico Bermúdez-Cañete.





AN DIE JUNGEN DICHTER






Lieben Brüder! es reift unsere Kunst vielleicht,
Da, dem Jünglinge gleich, lange sie schon gegärt,
Bald zur Stille der Schönheit;
Seid nur fromm, wie der Grieche war!

Liebt die Götter und denkt freundlich der Sterblichen!
Haßt den Rausch, wie den Frost! lehrt, und beschreibet nicht!
Wenn der Meister euch ängstigt,
Fragt die große Natur um Rat.





Brahms - Symphony No. 4 (Inbal)

Allegro energico e passionato

[6/6]



















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Schicksalslied

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Schicksalslied

(Canción del destino 1871) Op.54

Música: Johannes Brahms (1833-1897)











Friedrich Hölderlin 


(1770-1843)


Hyperions Schicksalslied






Ihr wandelt droben im Licht
Auf weichem Boden, selige Genien!
Glänzende Götterlüfte
Rühren Euch leicht,
Wie die Finger der Künstlerin
Heilige saiten.


Schicksallos, wie der schlafende
Säugling, atmen die Himmlischen;
Keusch bewahrt
in bescheidener Knospe
Blühet ewig
Ihnen der Geist,
Und die seligen Augen
Blicken in stiller
Ewiger Klarheit.


Doch uns ist gegeben,
Auf keiner Stätte zu ruhn;
Es schwinden, es fallen
Die leidenden Menschen
Blindlings von einer
Stunde zur andern,
Wie Wasser von Klippe
Zu Klippe geworfen,
Jahrlang ins Ungewisse hinab.




**************




Versión de Luis Cernuda




Vosotros paseáis allá arriba, en la luz,
por leve suelo, genios celestiales;
luminosos aires divinos
ligeramente os rozan,
como la inspiradora con sus dedos
unas cuerdas sagradas.


Sin destino, tal dormido niñito,
alientan los sagrados seres;
púdicamente oculto
en modesta corola,
florece eternamente
para ellos el espíritu;
con pupila beata
miran en la tranquila
claridad inmortal.


Mas no es dado a nosotros
tregua en paraje alguno;
desaparecen, caen
los hombres resignados
ciegamente, de hora
en hora, como agua
de una peña arrojada
a otra peña, a través de los años
en lo incierto, hacia abajo.





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Traducció: Jesús Munárriz

¡Andáis arriba, en la luz,
por blando suelo, genios felices!
Espléndidas brisas divinas
os rozan apenas,
como los dedos de la artista
las cuerdas sagradas.


Carentes de destino, como el niño
dormido, respiran los celestes;
con pudor preservado
en humilde capullo,
florece eternamente
el espíritu en ellos,
y sus ojos felices
contemplan la tranquila
y eterna claridad.


Pero a nosotros no nos es dado
descansar en ninguna parte;
desaparecen, sufren
los hombres, caen
ciegamente de una
hora en otra,
como agua, de roca
en roca arrojada
durante años a la incertidumbre.




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Schicksalslied, Op. 54 Johannes Brahms

song of destiny

(2/2)












Schicksalslied, Op. 54 Johannes Brahms

song of destiny

(2/2)
















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lunes, 21 de febrero de 2011

LO FUERTE ES EL HILO

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LO FUERTE ES EL HILO














Hice capturas de pantalla, vídeos, montones de palabras con datos, nombres, situaciones; hice, dije, volví a decir y a hacer y continué haciendo, diciendo… y nada contaba la verdad. Me retiré porque ya había dicho y luego crecía demasiado el silencio, y lo que había dicho, era otra jaula en la que se insonorizaban las siguientes palabras. Mi vida entera quedaba sepultada debajo del murmullo de actos y relatos de voces ajenas.


Al día siguiente es hoy. A la hora en la que todos los días son el comienzo y lo seguirán siendo durante un escaso periodo de tiempo. A la distancia que marca cada noche, me despierto y escucho mi propia voz; lejana, con demasiada pesadumbre, acongojada y perdida. Muy perdida en este mundo que tiene un extremo de prisa por hablar. No encuentro mi lugar, me hace falta el silencio necesario para escuchar.


Las palabras son mudas por naturaleza, solamente a estas horas de la mañana puedo extraer de la prisa el orden imprescindible para que las palabras sirvan de algo. El lenguaje es un orden. No suena mejor una melodía porque se haga con más notas, para escuchar cualquier melodía, son necesarias determinado nº de notas y colocadas de una precisa manera. Tienen que estar en tal sucesión y repetirse en la duración exacta de tiempo que haya decidido su creador. Una figura blanca no puede sustituir a una semicorchea ni en una escala menor dará el mismo sonido que en la mayor ni se puede transmutar un do sostenido en un un fa de otra escala distinta para la que haya sido creado. Y ese trabajo meticuloso y preciso es la escritura. Se pueden combinar cualquier palabra con cualquier otra de la misma manera que hay millones de melodías, pero jamás suenan igual.


Yo necesito escribir mi propia partitura. La que tenga la melodía que yo deseo crear. El argumento no es lo principal, no importa si elijo un bosque o el asfalto o hileras de tejados o el mar; pero la inarmonía haría que fracasaran todos los argumentos.


Todo lo que se puede percibir es lenguaje, pero la manera de percibirlo, es un discurso. Luego hay tantos discursos como maneras de percibir. Interrumpir un discurso es tener otro discurso que suena tal vez más alto, que se oye más, que tal vez no deja que se escuche el discurso interrumpido, pero no deja de ser otro. Y que se oiga ese y no el anterior, no significa que suene mejor, que sea agradable y ni siquiera que sepa nada del discurso que interrumpió. De hecho, puesto que no lo escuchó, no puede saber qué decía.
Yo podría coger varias ristras de compases de una sinfonía de Beethoven y colocarlas junto a otra ristra de una sonata de Bach y habría sonido. Y podría hacer muchas mezclas puesto que hay muchos músicos y pegarlas y obtener muchos compases, pero si quiero hacer una melodía, tengo que oir cómo suenan esos compases juntos. Y es muy probable, que no me sirva de nada el azar y que, lo que a esos músicos les sonaba a gloria, si lo junto al azar o según el grado de gloria que obtuvieron por separado, no consiga nada más que una chapuza horripilante sin armonía alguna. Y si cojo sus partituras y las arrojo al fuego y entrego al intérprete otra escritura musical en su lugar creada con cortes de compase al azar, incluso si extraigo sólo los que sonaron mejor y desestimo los demás, además de no haber creado ninguna partitura, la que sí se interpretará, será una amalgama de sonidos que únicamente dependerá de quienes escuchen para que obtengan argumento. Se habría verificado así que no existe ninguna relación previa entre el que escribe y el que lee. Que el creador, es únicamente aquel que sea capaz de condensar en una misma melodía todos esos sonidos juntos según su propia escucha. Y que, para que eso sea posible, es necesario descartar montones de notas combinadas sin armonía. Los silencios, están en una escritura musical, bajo la misma necesidad que las propias notas. Hay tantas figuras para escribir los silencios como para escribir las notas. Una sinfonía, es una escritura muy larga. El efecto final, es agradable o desagradable, pero es el autor el que tiene en su oído la posibilidad de restar o sumar meticulosamente sostenidos, bemoles, acordes que formarán escalas menores o mayores; silencios y notas compás tras compás.


Lo que yo escucho a estas horas de la mañana, son todas esas notas, figuras, compases y escalas que fueron alteradas al azar sin tener ni la más remota idea de cómo sonaban. Hay tal articulación entre las ideas, el tiempo, los colores, la intensidad, las emociones, los silencios, los sentidos, las palabras, las imágenes, lo que almacena la memoria, cómo lo hace, la superposición de capas y de sustratos, de nuevo la intensidad, que resulta una osadía atreverse a utilizar un solo adjetivo para hacer sonar toda ese orbe de sinfonías. Ni uno y luego otro; no dos ni diez, ni montones de ellos porque, como digo, cada escritura musical es única e insustituible.


Mi ordenador es el escenario en el que se representan esos compases. Así que la palabra “ordenador” sustituyendo a la palabra “escenario”, es ante todo una osadía. Y todo lo que no sean las partituras originales no son más que osadías. La crueldad es posiblemente una sordera imperdonable. Un exceso de prisa, una torpeza o una ignorancia; no se puede leer esta figura:


silencio de blanca



por esta otra:



Silencio de semifusa


Es simplemente imposible.


Colocadas de tal manera, las mismas notas no duran el mismo tiempo, luego no sonarían igual:



  tres corcheas (tresillo)


≠                      

                 dos corcheas       más      una corchea




Dentro de un pentagrama, el tiempo no tiene duración si no se sujeta a las reglas obligatorias dentro de un código amplio pero delimitado: para que una figura represente un tiempo, necesita apoyarse en la nota correspondiente, que a su vez, no se podría pronunciar sin su figura. Sería una medida sin voz o una voz impronunciable:


 redondas que si son notas es por el lugar que ocupan dentro 
del pentagrama y en la escala de sol en este caso




Y como las notas fuera del pentagrama tampoco tienen sonido real ni es real el tiempo que representan. Muchas corcheas, si no se las coloca junto a otras notas musicales pero dentro de un pentagrama y durante un tiempo preciso, son notas monocordes que, durando tal vez doce segundos, se podrían escuchar durante medio minuto que, repetido tal número de veces, ocuparía toda la obra musical que, a su vez, no sonaría lo mismo en una clave o en otra:




claves de do y fa




Ni sonarían lo mismo si se ejecutan separadas o juntas:



 pentagrama con la clave de sol

pentagrama con la clave de fa



Y no tienen la misma voz en un violín que una guitarra o en un violoncello:




fragmento de partitura con clave de sol, fa y do




Así que, si toda escritura es un código, si cada discurso es el código con el cual se leen determinados fragmentos del lenguaje, si nada más es posible el discurso según la interpretación o código particular del que lee y es en todos los casos y todas las veces esa la única lectura real, si habiendo un solo lenguaje hay tantos códigos como discursos, códigos o maneras de interpretar ese único lenguaje, privarse o privar de la interpretación particular es negar las leyes propias del lenguaje, es confundir por un todo lo que es una parte, lo que es puro fragmento de un lenguaje tan amplio como lo son sus habitantes. Y si de esto se deduce que el discurso manifiesto es un orden o un desorden según con qué código se haya articulado el discurso, se da que determinados discursos no legibles, se hallan desarticulados respecto a otros que siendo parte de ese lenguaje universal, han ignorado la existencia de dicho Universo.


Para que se organice algo tan sutil y tan amplio a la vez como lo es el sonido del lenguaje, exige que se conozca la jerarquía o grado que ocupan las siete notas porque con eso producen tal o cual estímulo para el que escucha:

Tónica, Supertónica, Mediante, Subdominante, Dominante, Submediante o Superdominante y Sensible.
Un relativo no puede realizar la función de un verbo; si se altera ese orden estricto sin comprender previamente cual es la función del lugar que ocupa dentro de la estructura gramatical, resultan discursos incoherentes o efectos altisonantes, amalgamas de efectos que el cuerpo oyente no puede reconocer en cada una de sus partes y se derivan de forma brusca allá donde recaigan “sin orden ni concierto”. Así que la locura o la monstruosidad, se tratan de ciertas desorganizaciones del lenguaje.


Pero aún el lenguaje no es la gramática ni tampoco el orden que ocupe dentro de una frase (sintaxis) ni mucho menos qué diga el diccionario de su morfología; la estructura del lenguaje, requiere para serlo del código particular del hablante que no es accesorio, sino que es el único posible: el sujeto y lo que diga para él tal o cual frase. Y eso a su vez, mediando otra frase que sea la que lo represente ante la frase anterior. Aprender a hablar es aprender, no la combinatoria de unas palabras con otras que eso podría hacerlo cualquier programa docto en combinatoria; aprender a hablar, es aprender que existe una relación entre las diferentes estructuras que intervienen en la formación de los diálogos. Omitir al hablante, es tanto como haberse convertido en máquina. Y si el empeño en que las máquinas sean las que usurpan el lugar de los seres hablantes, no es reducirse a animales porque los animales tienen también sus códigos y se rigen por ellos, es nada menos que reducir el lenguaje a cosas. Así que no creo que sea ninguna gratuidad decir que confundir las palabras con las cosas, es una barbaridad; y creer que por no ser lo mismo existe entre ellos ninguna relación, es la misma barbaridad. Las cosas no existen sin el lenguaje que las representa. Por la sencilla razón, de que el Universo entero pasa de lo indeterminado a lo determinado, y si se trata de humanos, es éste el que lo determina todo. Ningún objeto se puede representar por ningún símbolo o escritura muerta a menos que esté presente el órgano que interpreta el símbolo que es el lector, que a su vez, al reescribir lo que lee, lo transforma y pasa a ser escritura viva. No existen las cosas ni los hechos aislados (indeterminados), tanto en lo que acertamos a decir como en lo que no; así que lo más inteligente, es aproximarse lo mejor posible a alguna clase de verdad. Porque se va a decir de todas formas, pero puede ocurrir, que no seamos partícipes de ello y eso no es ni menos ni más que cada propia vida.


De la misma manera que ocurre con los sonidos (música si están organizados en armonía), existe con las imágenes, con los colores y con todo puesto que todo lo que es percibido por alguien conforma un lenguaje. Un cuadro en el que el color negro o el blanco o el rojo o el marrón fueran los únicos, dirán algo determinado pero no pueden decir lo que diría el intercambio de esos mismos colores o colocados en diferente cantidad. Si no hay nadie capaz de percibir, no hay nada. El sufrimiento o la alegría humanas no son iguales a los de los animales porque manejan códigos distintos. Un animal, carece de posibilidades de adelantarse a los hechos a través del uso del lenguaje, el suyo es reducido al punto de “no saber”… lo que sabe, pertenece a otra organización en el tiempo. Simbolizar es representar-se mediante algo otro algo. Simbolizar es un verbo y no es un sustantivo como “símbolo”, requiere una acción que la realiza alguien. El animal, toma la imagen o símbolo pero no la trasciende más que a cierto periodo de tiempo; tal vez eso es la memoria, el cerebro humano, trabaja a otro nivel, llega más lejos en eso que se percibe como tiempo, lo que almacenó en su memoria, así que puede sufrir o disfrutar a otra escala mucho mayor. La actividad del “intelecto humano” se apoya en la abstracción, en una representación parcial de algo y el trabajo que hace luego con esa parte hasta que lo transforma en otro algo cuyo producto será según las articulaciones que haga de a su vez otras abstracciones y así sucesivamente. Para cualquier movimiento, el ser humano tiene que realizar ese ejercicio, incluso para el más básico y eso marca la diferencia entre un recién nacido y un ser adulto. El aprendizaje según el cual va siendo capaz de caminar, de protegerse del exterior o del interior de él mismo; y así como haya sido ese aprendizaje, se comportará independientemente de que tenga que reanudar a cada nuevo acto todo ese trabajo o de si fue algo que ya se registró y se mantiene guardado en una memoria “olvidada”. Básicamente, caminar, reconocer el espacio, usar determinadas palabras, es algo que se realiza de manera que no sea preciso iniciar los mismos pasos todas las veces. Pero hay un arsenal inmenso de actos que requieren de un comienzo permanente, y eso es hablar. La parte aprendida está en los diccionarios aunque esa también es modificable; pero hablar es algo que necesita estar en permanente trasmutación puesto que es un acto que sólo lo realizan los vivos. Así que, suponer que algo está ya dicho, que una parte puede sustituir a un todo inagotable e irrepresentable, es un gravísimo error. La condensación no sustituye nada, lo representa: es tanto como diferenciar metáfora que es una ampliación tan grande como lo pueda ser un ser humano, de reducción a símbolo o a cosa. Porque entre el símbolo y la cosa, no encuentro diferencia, metafóricamente hablando, ya que creer en que los símbolos hablan por sí mismos, excluye la posibilidad misma de simbolización.


En general y en particular, se hace un uso del lenguaje nefasto, reducido, amputado, que por si esto no fuera suficiente, se da por sabido que se sabe qué se dice y qué no. Es muy escaso lo que, aún sabiéndolo, nos es posible manejar, dirigir de manera adecuada. Nos encontramos siempre con que hay que esperar a ver los resultados para poder saber qué era lo que sabíamos y lo que no. la escritura permite tener acceso tanto a nosotros mismos como al mundo exterior, aunque tan sólo sea en parte, quizás en una millonésima parte o en una parte infinitesimalmente inferior a lo que la ambición o la codicia trata de estafar como verdad. Y dentro de la escritura, la poesía es con toda certeza, el instrumento más valioso para acceder a ese conocimiento. La poesía no es el orden versificado de tal o cual manera de decir, la poesía es la metáfora presidiendo el discurso. Bajo cualquier organización en los renglones, en los párrafos o en los libros, la poesía es metáfora. Metáfora imprescindible igual para las ciencias como para percibir un olor o lo que se produce en cada uno de nosotros al pasar por la calle. Un caudal incalculable que tiene que someterse a leyes que no lo son ni a favor ni en contra de quien lo use, pero que de no reconocerlas como lo que son, es siempre el infractor el que se queda excluido.


El arte, eso que llaman genialidad, estilo en términos más posibles, es el cultivo de un trabajo que sólo se puede realizar con el sometimiento a esas leyes. El infractor es bien un ignorante bien un estúpido que cree saber. La historia de los seres humanos, está impregnada de cúmulos de errores sin resolver. No hay en sitio alguno enciclopedia capaz de detener esos errores y hasta me atrevería a decir que hay, resumiendo, dos bandos: los que trabajan a favor y lo que lo hacen en contra de esa humanidad.


Dos palabras me atrevo ahora a rescatar de entre tantas: precisión y flexibilidad. Dos que, puesto que hablar es un acto metafórico, están pobladas de montones de otras que ocupan grados en esa escala que es el discurso; otras tales como rigor y modestia que, a su vez, se podrían seguir ampliando hasta crear un mapa o un dibujo o una imagen o una idea o varias ideas que son una manera de vivir.


La poesía y las prisas están en un constante antagonismo. La primera, ahorra recorridos que sólo ella es capaz de resolver y ofrecer como instrumento. La prisa, pretende dirigir un concierto que no utiliza más notas que las de llegar primero aunque no sabe ni donde ni quién habrá allí, y tal vez después, quiera llegar a donde había comenzado y con la misma prisa y acabará en un laberinto tan inútil como costoso.


¿Hablar para quién? Para que sea posible hablar. Para nadie y para todos, para que sea el lenguaje la categoría de lo humano. Porque en cada palabra inadvertida por el murmullo gigante de los que no quieren hablar, podría estar la clave de lo inatrapable, de lo irrepetible, de lo inmortal.




Pilar García Puerta, 21 de febrero de 2011













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martes, 15 de febrero de 2011

“GARANTÍA IMAGINARIA”

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“GARANTÍA IMAGINARIA”














“Los pilares de la Tierra”, fue publicada en 1989, y se convirtió en el mayor best seller de Kent Follett.



En “El placer del texto” Barthes diferencia entre texto de goce o texto de placer.



“Los pilares de la Tierra” creo que es una lectura desde el placer y “El placer del texto” desde el goce. El primero lo leí hace 20 años; fue una lectura muy satisfactoria que terminó cuando llegué al punto final de la última página. El segundo lo empezaré de nuevo.




“Y sin embargo es el ritmo de lo que se lee y de lo que no se lee aquello que construye el placer de los grandes relatos: ¿se ha leído alguna vez a Proust, Balzac o La guerra y la paz palabra por palabra? (…)
Si acepto juzgar un texto según el placer, no puedo permitirme decir: este es bueno, este es malo. Son imposibles entonces los premios, la crítica, pues ésta implica un punto de vista táctico, un uso social y a menudo una garantía imaginaria. (…) “¡Es esto!” (…) “¿Qué significa esto para mí?” (…)



El brío del texto (sin el cual en suma no hay texto) sería su voluntad de goce: allí mismo donde excede la demanda, sobrepasa el murmullo y trata de desbordar, de forzar la liberación de los adjetivos –que son las puertas del lenguaje por donde lo ideológico y lo imaginario penetran en grandes oleadas.



Texto de placer: el que contenta, colma, da euforia; proviene de la cultura, no rompe con ella y está ligado a una práctica confortable de la lectura.




Texto de goce: el que pone en estado de pérdida, desacomoda (tal vez incluso hasta una forma de aburrimiento), hace vacilar los fundamentos históricos, culturales, psicológicos del lector, la congruencia de sus gustos, de sus valores y de sus recuerdos, pone en crisis su relación con el lenguaje.



Aquel que mantiene los dos textos en su campo y en su mano las riendas del placer y del goce es un ser anacrónico, pues participa al mismo tiempo y contradictoriamente en el hedonismo profundo de toda cultura (que penetra en él apaciblemente bajo la forma de un arte de vivir del que forman parte los libros antiguos) y en la destrucción de esa cultura, goza simultáneamente de la consistencia de su yo (es su placer) y de la búsqueda de su pérdida (es su goce). Es un sujeto dos veces escindido, dos veces perverso.“




-Roland Barthes en “El placer del texto"-





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sábado, 12 de febrero de 2011

“eso… y eso… y eso… y eso… yo eso…”

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eso… y eso… y eso… y eso… 

yo eso…







Freud con sus nietos, Ernst y Heinerle,
los hijos de su hija Sofhie en 1920




Un día entero, un túnel que parecía que no se iba a terminar. Más su noche. Sin recato alguno entra a saco a destruir lo que pilla. Al final me dormí, después de haber salido a la calle a constatar que el aire fresco se lleva también esa clase de miradas.


Después, al despertarme, me vuelvo a preguntar qué estrategia podría seguir para no terminar trabajando para la curia. Entro a facebook y me encuentro con un escrito que sí dispone de otro enfoque a cerca de la mirada.


El bombardeo de ~ destruye metáforas enteras, nombrar esos “signos” como troyanos y decir que invalidan montones de archivos, vuelve a ser atrasar siglos la historia de la humanidad. Yo lo trataba de situar con el ejemplo de que se quiere medir con metros algo que es gaseoso, líquido o que se pertenece al movimiento. También me vino de forma repentina la idea de mediocridad; no existe nada que no esté articulado a algo que sí es importante aún cuando no dé la cara, así que esa mediocridad, puesto que va en oposición al movimiento, la pienso ahora como un estar en medio taponando que nada se mueva. También habla en el escrito que traigo de soporte, de que en una relación dual acaban los dos destruidos. Pero si mis intentos por distanciarme han sido colosales, se han encontrado siempre con una oposición que por lo visto ve en ellos un nuevo acicate para seguir haciendo de obstrucción. No exagero cuando digo que he pasado 24 horas eliminando esos signos uno detrás de otro, al abrir otra vez las carpetas, los vuelvo a ver… el hecho de que esta vez se trate de la imagen de Freud, me viene al pelo a cerca de lo que creo que trata de obstaculizar. Me importa a mí por la distancia de siglos que hay entre la curia y el sujeto de la escritura. Afirmar las palabras ajenas y luego destruirlas, es renegar directísimamente de quién es el que habla. Si se produce un discurso entre escritores, con toda certeza, habrá en él al menos el reconocimiento de que se trata de un trabajo. Pero si la conversación se efectúa entre poderes o entre creencias en poderes, al margen de lo que aparezca o no en los significados de las frases, se está tratando de renegar de lo humano. ~… en términos informáticos, es un avance, pero en términos de lenguaje, está en la prehistoria. Soy yo todas las veces, la que le pongo palabras a algo que es pura compulsión.



Hace unos días había yo intentado abordar este problema desde lo que en la sublimación hace de diferencia respecto a la satisfacción inmediata, diría sin trabajo o diría trabajando desde la curia; estuve señalando algunas frases que al final abandone porque seguramente me topé con más signos, ahora traigo esta:


“La sublimación da cuenta entonces de una forma de real-ización pulsional, en el sentido de poner al descubierto el vacío central que lo real implica a partir del momento en que el significante entra en escena.” –El Sigma-


http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=3456



simplemente coloqué en la barra de Google "Función de la escritura” y fue esa la primera página que vi; después llegué a bajar dos seminarios de Lacan, pero ya digo, se trata de detenerme y muchas veces, demasiadas, son demasiado fáciles como `para poder repeler esos ataques. Son fáciles y consiguen lo que se proponen, porque eluden el trabajo. Es decir: no transforman nada.



Yo me siento como una hormiga que tiene que trasladar en su espalda el peso de un elefante con toneladas de comida. Recuerdo que epigrafié en uno de mis libros una cita de Joyce que decía así: “demasiado llenas para hablar”… se refería a las bestias…. “eso… y eso… y eso… y eso… yo eso…”… la frase se completa con dos palabras claves que no se dijeron jamás: “yo quiero eso… y eso… y eso… y eso… yo eso…”… y como no se dijeron, se contuvo en “como no lo quiero decir, lo destruyo”.
Francamente, estoy hablando de mí. Mi idea de escribir hoy sobre esto, se concretó en el pensamiento de que la realidad, cualquier realidad, es una metáfora de todo lo posible. Y ésta a su vez, me llevó a otra que es la de que la realidad es entonces aquello que se elige. Algunas veces, ciertos actos, consiguen imponer realidades aplicando una fuerza que lejos de validarlas ponen de manifiesto sus carencias. Volviendo a las conversaciones entre escritores, en efecto, la mentira no existe:



"La mentira no se opone más que a la mentira. La verdad está siempre a la espera de ser verdad. Toda idea se vuelve mentira en cuanto se la deja estática, en cuanto se da como ejemplar". -Edmond Jabés, “Del Desierto Al Libro” –



Hacer el paripé durante años de que se sabe, de que se dice, y no decir ni mu, esa es la mentira que está debajo de “esto que no se ve”. Un plan tan dislocado que se enuncia como que “para que yo triunfe no puede triunfar ella”. En efecto, también, me veo envuelta en muchas y muchas situaciones que, de no haber tenido claro qué es lo que quiero, hace ya tiempo que hubiese desistido de pelear porque escribir y pelear son actos completamente diferentes.


De lo que sí he desistido, es de creer que alguna vez entenderá lo interminablemente absurdo que hay en esas afirmaciones. Se dice que lo que enferma o no, es la manera de renunciar; a mí me es a veces insoportablemente doloroso tener que abandonar esas metáforas… mis fotos, al igual que las palabras con las que cuento lo que en ellas veo, son metáforas y eso es lo que se empeña en destruir. Antes de ser capaz de escribir Mutari In Alitem, me sentía incapaz de mirar una foto. Fue al leer La Cámara Lúcida, cuando vestí esas fotografías de montones y más montones de palabras. Estaba diseccionando el otro día trozos de suelo, figuras fantasmáticas, escenarios en suma que eran también un lenguaje, el mío. Y cuando digo lenguaje, es con todas y cada una de las elaboraciones que indica Freud en la Interpretación de los sueños, con todo ese telar en el que –decía magistralmente- si se mueve un solo hilo, todos los otros hilos se trastocan. Dice también Freud que el placer que se obtiene de la escritura es inmediato en el sentido de que es un placer preliminar. Que hace un ahorro de energía que es el equivalente a siglos de construcciones de toda la humanidad.


Se me ocurre que el amor no es ciego, que la ciega es la envidia. Es insultante venir aquí a sustrer lo que habita estrictamente en mi memoria; es insultante para la posibilidad de cualquier inteligencia que se pudiese producir bajo otras circunstancias, bajo otra manera de conversar.





12 de febrero de 2011













domingo, 6 de febrero de 2011

UN PRODUCTO

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UN PRODUCTO









Vladimir Kush










Se escribe con palabras, pero a las palabras no se accede con ellas mismas, hay eso que se le puede llamar materia prima, para obtener ciertos resultados, es necesaria cierta materia prima. También la manera de trabajar esa materia da diferentes resultados. Las palabras son a su vez materia para obtener un producto, de tales palabras se obtienen tales otras. Lo que se puede leer con un determinado acervo de palabras, no es en sí el lenguaje, es lenguaje todo lo que se puede traducir a palabras aunque no se traduzca.






enero de 2011
















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sábado, 22 de enero de 2011

REALIZA

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POEMAS DEL DÍA

POEMA EDITADO
Madrid, 21-01-11






PREGUNTAS ADIOSES 

REENCUENTROS 

XV





The Hill of Montmartre with Quarry, Van Gogh






De vez en cuando aún te das vuelta y esperas ese gesto
que ponga las cosas en su lugar,
cuando todo lugar es siempre otro y otras las cosas,
otra manera de decir, otra manera de entrar al bar
España, junto a la bahía, donde los viejos huelen
a invierno y a alcoholes bebidos lentamente, por
costumbre, y la salud de los que quedan.

Enfrente están las montañas que retienen un poco de
mar para que recalen los pescadores y bajen a tierra
plateados por un sueño de escamas huidizas,
pero los barcos volverán a zarpar de madrugada, aunque
se cuelen con el viento olores fuertes aún adheridos
a las ropas o a las mantas de la cama o al crujir de
la madera como si pasos fuesen que ya no son, ni
siquiera nuestros pasos, atrás, atrás, a la distancia.

De vez en cuando te das vuelta, sí, pero es un vicio, una
manera de ser que irá cambiando, o no, pero qué
importa:
a medida que entres en el pueblo, verás que nadie te
pregunta nada.

ALBERTO SZPUNBERG
Argentina-1940
De “Luces que a lo lejos”



REALIZA







Afirmar o negar: dos maneras distintas de detener el sentido. La frase es otra cosa. También es eso mismo esta afirmación, todo lo es. Todo menos lo que consigue permanecer camuflado: la sugerencia. Aunque es cierto que, sin afirmar o negar, no habría ninguna clase de orden desde el cual poder dar paso a sugerir. Lo consumado no me produce ninguna clase de emoción. Hasta es posible que traer este poema sea una manera envidiosa de acogotarlo.


“… a medida que entres en el pueblo, verás que nadie te
pregunta nada.”:


en la primera lectura me impactó, es decir, me lleva a sitios familiares: estaba en mí. Estaba ya antes de haberlo leído, pero la forma, lo exterior según los métricos de la poesía, es lo que me trae la novedad, el impacto. La forma es entonces el poema en sí. No me dice que sea real, no me permite olvidarme de que es un poema y no ese trozo de la vida que está evocando; pero tampoco me dice que ese trozo de vida no esté siendo, en presente, en el momento de ir leyéndolo; en el verso final, borra definitivamente la certeza igual que borra la “sólo sugerencia”, diría que lo que le roba a la una se lo suma a la otra y al revés: ambas, mentira o verdad, dejan de serlo. Tal como estuve leyendo anoche, realidades simultáneas, sin mentira ni verdad, todo posibles. Del mismo modo lo podría decir si lo que hubiese traído hubiera sido mediante las palabras posible e imposible.

Podría ser envidia porque al explicarlo hago eso mismo que es afirmar o negar, me quiero apropiar de algún sentido, es eso racionalizar. Más si lo hago evidente, también es otra cosa. Porque jamás podría decir lo que esté diciendo. Y sin embargo, no estoy hablando de ambigüedad, la emoción es en todos los casos verdadera. Claro que, para serlo, se tiene que dejar vapulear por otra cosa que ella misma. Y al tiempo que eso es así, tiene que pelear (metafóricamente) por ser quien dice ser, tiene que creerse lo que siente. No son ambigüedades, son leyes fijas cuya apariencia es parecer ser y parecer no ser. En el verso final, afirma que algo no pasará, pero lo dice de tal forma que hace presente lo que era pasado. No había nombrado que cuando se entraba el pueblo le saludaban, así que lo acaba de inaugurar en el momento mismo en el que se despide de ello. Acaba de entrar. Está ahora entrando en ese pueblo y le saludan, y cuando piensa en que algún futuro ya nadie le volverá a señalar, transforma esos saludos en algo trascendente. Si por torpeza o por deseos de imitar se le echan demasiadas palabras a las que sean el verso final (puesto que es el caso), se estarían diciendo muchas cosas, tal vez más, mejores y más y más, pero no esa, no la que toca, golpea, atañe. En el momento en el que atrapo ese sentido, el sentido se va, el deseo comienza, vuelve a empezar a la búsqueda de otro sentido, ya que no era más que una sugerencia.

El apasionamiento necesario para haber finalizado en todos tantos puntos donde el poema termina y evidencia que eso era un poema, es lo que se llama vértigo. En el caso de este poeta y de estos poemas (tres) que están llegando a mi correo, en los tres he encontrado esta misma manera de diluir a tal punto los sentidos supuestos, que no los he eliminado, siguen allí. En el del día 19 decía así:


“…“Cerrá las ventanas, que entra fresco”, dice ella, pero
ella tampoco ha venido,…”


Y no es la misma forma aunque también lo es, hay siempre algo diferente que se escapa, que no se deja atrapar. En apariencia, en ambos, el verso último del primer poema y en estos dos versos últimos, lo que le hace a la forma son dos figuras retóricas que se conocen como paradoja y antítesis y no sé en qué medida es la una y en qué medida es la otra ya que las dos pertenecen al campo del discurso pero el poema va más allá y tiene licencia para jugar con ellas mezclándolas, contrarrestándolas, difuminándolas, etc. tal vez sea eso lo que produce diferencia cuando, apartándose de los análisis gramaticales, la poesía altera la sintaxis y abarca lo que no está visible en las frases; en los últimos versos, no es sólo que es incompatible decir y no decir o estar pero no estar, lo que golpea, es otra antítesis que, incluso, deshace la paradoja formal: lo dice y no ha venido para decirlo (antítesis) y lo dice precisamente porque no ha venido, ¿por qué?... porque no está hablando de decir nada ni de ventanas, sino de la ausencia. Está presentificando la ausencia, la cual, sólo es posible si es ella misma, lo es porque no está. En un discurso no poético, aparece la paradoja u oposición de ideas, pero carece de emoción que es lo que el poema realiza. Lo que quiere decir, no lo dice.

Así es como es imprescindible extraer de la realidad, de las realidades, justo las capas no visible para decir de ellas su verdad. no se trata ni de mentiras ni de verdad ni de esconder o mostrar, es algo muchísimo más sutil, no puede ser deliberado; esto que estoy diciendo, por supuesto que no es un poema, para que lo pudiera ser, me tendría que abandonar a algo desconocido. Por eso dije que era una envidia, tampoco porque lo sea de verdad, sino en una manera de sustituir el no poema que es por el “de menos” que está presente en la envidia.
O incluso sea una escusa para volver a leer esos dos versos. No puedo decir: “no puedo” sin que se haga indecible lo que digo, para decir “no puedo”, tendría que decir otra cosa que ocupara el espacio de lo que no puedo decir. Porque hablar (o escribirlo) no es un no poder pero tampoco es lo vivido, hay una barrera infranqueable como una ley que me obliga a acatar y, a cambio, me concede toda esa libertad.




21 de enero de 12011