La estructura del aparato psíquico será representada por una máquina de escribir.

-Derrida-

HOY, donde esté Van Gogh

GRAFFITIS EN MADRID

GRAFFITIS EN MADRID
hombre en la ventana, Daniel Moreno García

“Si mi libertad no estuviera en el libro, ¿dónde estaría? Si mi libro no fuera la libertad, ¿qué sería?” -Edmond Jabès-

jueves, 2 de septiembre de 2010

EL PLACER ESTÉTICO

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EL PLACER ESTÉTICO











El placer estético es el pago al trabajo realizado por el poeta. No es que se fuera a trabajar para los demás estoicamente o a desvelarle al resto de los mortales las inmoralidades o las grandezas, si eso se le parece, y se le parece mucho, es que consigue seducir con sus palabras, proporciona el ahorro de la energía que habría que invertir para acceder a esos lugares y tal vez no conseguirlo; es el arma más potente frente a las realidades férreas e inamovibles. La dificultad en adecuar este nuevo producto a esas mismas realidades mucho más temporales, es algo así como lo que permite que teniendo en sus manos un instrumento de transformación tan valioso, con cierta frecuencia se le coloque al otro lado de la realidad. El soborno mayor al ejercicio de la poesía no es nada de la poesía, ella se sirve de sí misma, es la privación de este placer estético lo que hace posible no ser beneficiario directo del acto poético. En él viven articulados nuestros deseos condensados, afectados ya bajo una nueva organización, transformados también; pero que se produzca esa misma transformación en el poeta no queda así asegurada; digamos que a algo tiene que renunciar o a mucho para permitir que un fenómeno superior a él mismo suceda, lo que haga después con esos beneficios no es ya gestionado por la poesía. Una noche cualquiera, una despedida cualquiera o un amanecer de algo nuevo en su vida, lo puede entregar a esa benefactora o arrojarlo a su manera de pensar. El placer estético será la moneda de cambio según qué elección tome o deje de tomar. Tampoco ocurre de cualquier forma, la forma misma es el placer, renuncia a la verdad para que la verdad sea posible. Ningún poema es percibido de la misma manera ni siquiera por la misma persona según en qué momento.


El placer se termina, se desgasta, las emociones proporcionadas por ese poema se empañan en la inmaterialidad; el hombre que se sintió casi un dios mientras volaba a manos de ese poema, vuelve mermado a su vida diaria o vuelve con un sabor a gloria que no se ha quedado a vivir en su casa o en sus pijamas, nadie lee en su cara lo que escribió a solas en su sala de magia, ahora, tiene que ver en su pequeña vida los entresijos que le volvieron grande, las palabras que le sirvieron no están presentes para esos momentos de aterrizajes múltiples, tiene que hacer un puente que comunique los instantes de gloria con la bajeza terrenal, declarar también a esas caídas materia moldeable, y después, esperar a que una vez se haya asegurado el mantenimiento de su pequeño cuerpo con el que la poesía podrá volver a hacer su aparición, repetir el proceso. Y así interminablemente.




29 de septiembre de 2010




Jackson Browne, Stay













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