La estructura del aparato psíquico será representada por una máquina de escribir.

-Derrida-

HOY, donde esté Van Gogh

GRAFFITIS EN MADRID

GRAFFITIS EN MADRID
hombre en la ventana, Daniel Moreno García

“Si mi libertad no estuviera en el libro, ¿dónde estaría? Si mi libro no fuera la libertad, ¿qué sería?” -Edmond Jabès-

martes, 7 de septiembre de 2010

EL AFECTO Y LAS PALABRAS

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EL AFECTO Y LAS PALABRAS




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Diferencio afecto, en singular, de afectos, en plural. Decir esa misma palabra en plural, sugiere ya otro grado de polisemia ya que he puesto en relación lo que es sentido con el propio cuerpo y lo que se manifiesta en forma de lenguaje.

La reducción de palabras a unas cuantas, a giros repetidos de éstas mismas, a una ausencia de versatilidad en el momento de que aparezca alguna de ellas, va ligado a ese afecto en singular. Pero si tengo en cuenta que es el lenguaje el que precede esa estructura bajo la cual se siente frío o calor, o qué cantidad de frío o de calor o qué relación con el frío o con el calor… si desde donde yo estoy entiendo que cuando se habla de estructura de un sujeto no es que haya unas cuantas columnas en algún sitio sino de una manera de representar la relación que hay entre el afecto y las palabras llegando a ser imperceptible el momento en el que el abandono de determinadas palabras incide en la clase de vida que es posible concebir, a una diversidad de afectos le corresponde una mayor trabajo de las palabras. Los lugares comunes están por todas partes, no es preciso irse al uso de términos propios de alguna disciplina para diferenciar de qué manera se hable. Tampoco está en el uso de vocablos amplios en significado, sino de cómo se combinen. La universalidad de la poesía no se debe a que en ella se utilicen palabras inusuales, sino en hacerlas aparecer junto a otras produciendo sentidos diferentes. Juntar por juntar, exilia los afectos de esa universalidad; los poemas que rasgan, conmueven, abren o amplían, no lo hacen por tener diccionarios sublimes en su composición, sino porque crean “imágenes” que acercan lo que cualquiera siente.

La disociación entre lo poético y lo que consideramos nuestra vida, no es más que ese divorcio permanente entre el uso de las palabras y los afectos. Hablar no debería ser el poder de deslumbrar, sino de producir in situ esa misma cercanía. Si se sabe que no es posible la comunicación tal cual se entiende por “comunicar”, lo que digo iría en contra de esa misma imposibilidad, ¿cuál es la diferencia? La diferencia está en partir de que no habrá tal identidad entre lo que se dice, entre lo que se escucha y entre lo que se devuelve. Ni irse al lado opuesto donde nada dice nada ni quedarse en que se dice lo que se dice. Pero vivimos en un mundo en el que falta cubrir necesidades básicas y nadie, o muy pocos, creen en la importancia del lenguaje. Las campañas políticas están basadas en esa misma imbecilidad de la que casi todos participamos por tratarse de algo que afectará a las necesidades básicas. No era mi intención, pero, puesto que hoy hay una huelga general convocada, diría que considero más efectivo asestar un golpe o alguna clase de reivindicación en cuanto al cómo hablamos, que a paralizar un país que al día siguiente pagará las pérdidas que se hayan producido. No digo que los instrumentos de esta índole no tengan validez, digo que los percibo como algo exiliado del día de antes y del día después; la fuerza de la política al día de hoy, creo que reside en quién se sabe aprovechar de todo lo que suceda a nivel de masas. Ni eso, cualquier acto bien dirigido a tales o cuales fines, se rentabiliza por quienes lo sepan aprovechar, esta sería la máxima cualidad de degeneración máxima en la que se ido asentando el acto político. El escepticismo, la ausencia de credibilidad, un cinismo in crescendo son algunos de los efectos.

La tan cacareada globalización, el poder real de haberse generalizado “el mapa”, pasa por inundar lo particular con generalidades, presupuestos, discursos saqueados por los lugares comunes, comportamientos estándar con respuestas estándar en los que lo que hablamos tiene importancia crucial. Frente a la solidez de las monedas y las leyes que las rigen, poco sé yo; la mayoría de nosotros nos manejamos con sueldos incapaces de cubrir lo necesario; la clase obrera en el pensamiento de Carlos Marx no creo que fuera esa masa amorfa, bruta, condenada a trabajar entregando la fuerza de su trabajo a una minoría con poder; ni siquiera creo que fuera la reivindicación de sus derechos. Más bien creo que lo importante de ese pensamiento es que supo extraer de la realidad conceptos que hicieron que dicha realidad se pudiera contemplar con relatividad, y no al azar, sino yendo a unos fundamentos sordos y mudos hasta entonces. Puso la fuerza en el trabajo y no en los beneficios. Apropiarse del pensamiento de Carlos Marx, no creo que sea encontrar la forma de subir al poder, sino apropiarse de su capacidad de pensar. Luego se cae en tópicos tan demoledores como que “el poder corrompe” y desde ahí, por más vueltas que diera la historia, sería siempre el mismo círculo. Yo hace dos días he utilizado esa misma expresión que liga poder a corrupción, pero como metáfora. Podría decir sin socavar ninguna piedra filosofal que “el poder canta” o que “el poder renueva” o que “el poder viste de tonos amarillos”… considero más efectivo atreverse a cambiar de palabras que ir con piquetes a derribar una cantera que lleva siglos aposentándose en una misma punta de la pirámide. No es ninguna broma lo que digo; ocurre que si dijera algo así, se escucharía como boicot, si utilizara expresiones tan imprevistas, se oiría como que estoy afuera, y como es de estúpidos creerse afuera, me pensarían estúpida. Ser snob es hacerse portador de algo que no se corresponde con quien lo adopta; en general, la prisa que tiene el snobismo, no se detiene en pensamientos largos, trabajados, sino que va directo a lo que esté en la superficie, ahora el trabajo necesario para apropiarse de aquello que ambiciona tener o ser; así que, tomando en cuenta la relación entre revolución o reacción del pensamiento que representa lo social, resulta que el snobismo es reaccionario puesto que le devuelve a la “clase en el poder” un asentamiento sin realizar ningún trabajo mientras se vende como modernidad. Lo verdaderamente revolucionario siguiendo el pensamiento de Carlos Marx, sería incluir el trabajo.

El trabajo diario, mano a mano, el que es posible y no el que recae sobre lo ajeno, el que divorcia la palabra trabajo del acto de trabajar. Saber por ejemplo nombrar las cosas por los nombres que éstas vayan teniendo y no por los lugares comunes, vaciados de contenido y repletos de significados. Los poetas se fueron a trabajar todo eso, los demás, los que consideraron que irse a trabajar era prestigio o era marginación, se dedicaron a empapelarse la cabeza con resonancias de tal manera desorganizadas que bien podían estar diciendo agua cuando querían decir adiós; eso precisamente es lo que hacía el poeta, pero no trabajaba en diccionarios, sino en él mismo, no sustituía una palabra por cualquiera, sino que iba a buscar la palabra precisa según el momento preciso; incluso si fue el lenguaje el que le puso esa palabra y no otra delante de él, para poder oírla tenía que estar allí presente, exponer al lenguaje su propia vida.




29 de septiembre de 2010




Piazzolla-Mulligan

sax baritono 

Fabrizio Paoletti











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