La estructura del aparato psíquico será representada por una máquina de escribir.

-Derrida-

HOY, donde esté Van Gogh

GRAFFITIS EN MADRID

GRAFFITIS EN MADRID
hombre en la ventana, Daniel Moreno García

“Si mi libertad no estuviera en el libro, ¿dónde estaría? Si mi libro no fuera la libertad, ¿qué sería?” -Edmond Jabès-

viernes, 26 de noviembre de 2010

VERDADES COMO CHURROS

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VERDADES COMO CHURROS











“El significante S1 representa al sujeto para otro significante S2. 

Se necesitan dos significantes para representar al sujeto.”








Recuerdo el día que dejé un comentario en ese post y la tremenda dificultad que era para mí expresar lo que sentía y bajo la certeza de que sería allí el único lugar en el que me podría hacerme entender.



Recuerdo mi segundo comentario en el que no corregí las letras mayúsculas que, si bien no habían sido deliberadas, sí sé que no las corregí.



Y recuerdo cómo, al leer “esa es una forma, hoy otras”, no titubeé en afirmar…



Hoy lo he vuelto a leer entero con comentarios incluidos. Las ideas suscitadas son varias, muchas para exponerlas allí. El epígrafe que traigo viene a contener la clave del por qué sólo podía ser esa manera. En realidad, no dije ninguna (manera), no una, sino ninguna; lo universal era que para quién el suyo es el único y el verdadero. Tal como pude exponer lo que quería decir, faltaba ese S2; yo, de manera consciente, lo tuve que omitir, deformar mi comentario hasta que fuera en acorde a lo que allí se exponía. El post está muy bien, como todos los de ese blog, pero mi intervención se trataba de que las tales huellas falsamente falsas, me estaban engullendo a mí. Así que ese “mí” no podía ser uno entre otros, sino una necesidad de afirmación absoluta. De ahí el tono sentencioso, las mayúsculas no corregidas, y la reafirmación en mi segunda intervención.



No me preocupa en la actualidad mostrar lo que aquel día no me era posible, lo que sí me sugiere esta segunda lectura, es que, en todas y cada una de las conversaciones, se produce algo así.



En ese mismo blog, he visto detractores del psicoanálisis tajantes y además sin argumentos. Y he visto la calma con la que la dueña del blog ha ido respondiendo a todos y cada uno de ellos sin salirse ni un ápice de su función. Algo admirable y educativo. Yo carezco de esa ecuanimidad y sobre todo carezco de las respuestas suficientes como para no caer del lado de las preguntas conspicuas; pero más sobre todo aún, carezco de las condiciones necesarias para permanecer afuera de esos comentarios insidiosos. No importa, para mí es enriquecedor saber que hay otros que sí pueden algo que yo no puedo. Me demuestra que yo podría si hiciese lo necesario.



Se toma el psicoanálisis como algo opcional y a debatir; por “suerte” para mí, entendí a tiempo que entrar a discutir ideologías, te pone adentro de ellas; lo entendí aunque no sea capaz de llevarlo a la práctica. Una ciencia del sujeto, no puede ser debatible más que bajo la presencia de ideas que incluyan al sujeto. Y todo lo que se parapetó allí fue desde el lado de las ciencias (supuestas) como al margen de ese mismo sujeto. Neurología o psicología no dicen nada a cerca del hombre que hace… “si en lugar de rehuir pasar por debajo de una escalera, te enfrentas a ese temor, lo superas… si en lugar de conducir demasiado deprisa lo haces más despacio, tendrás menos accidentes… si en vez de elegir mujeres conflictivas eliges otras más de acuerdo con tu forma de vida, serás más feliz…”



Y así una lista interminables de actuaciones condicionadas; y para qué decir cuando se trata de conformaciones físicas (orgánicas) y la mirada maniquea de esa misma manera de entender lo científico. Resulta que, ese mismo hombre inteligente, capaz de sufrir o capaz de ser feliz, capaz de discernir (cuando puede), capaz de proyectar grandes obras, es incapaz en demasiadas ocasiones de cuidar de sí mismo o de aquello que dice amar.



No en vano, la primera clase de esos lectores de Freud, se llama clase de “ruptura”. Quitarse del medio… incluso, o sobre todo; que los significados no sean significantes, representantes veraces del quién habla, viene a decir que no queda dicho en ninguna de las adjetivaciones que las ideologías proponen el asunto en sí. Se forman auténticas cacofonías, verdaderos discursos ocluyentes e inabordables. El arte de la retórica es el arte de mentir. A todo se le llama discurso y lo es, pero un discurso no es una verdad ni tampoco una mentira, sino según qué discurso, funda qué ideas. Mismamente, esos discursos cacofónicos, reparten mentiras o verdades como churros. Cierto es que es imprescindible la credibilidad, “la ilusión de verdad”, pero no como oposición a una “certeza de mentira”, sino en ese mismo descentramiento imprescindible donde se sabe, se tiene que partir, de que “la verdad habla pero no dice la verdad” (otra frase clave que leí en ese mismo blog). Así que es verdad que la mentira no existe, existe el deseo de mentir, la intención de mentir, el acto que quiso engañar, y todo eso, es una verdad. Quitarse del medio, es conceder hegemonía al lenguaje: ser hablados.




Egocentrismo, egoísmo, vanidades, son palabras en sí mismas sediciosas, no dicen la verdad. No apuntan a ninguna verdad y, si la mentira no existe, son tapones, puros tapones. Y tratar de detener la irrenunciabilidad al lenguaje con tapones, es, como mínimo, una estupidez. Cuando el discurso a cerca de la verdad, de la propia verdad, se pone en marcha, nada ni nadie lo va a poder detener. De que transcurra por un curso donde vaya fluido, regando la vegetación que encuentre por su camino o que abra socavones, zanjas, o inundaciones, habrá sido ese hablante oculto en sus mismas palabras, el único ejecutor. La fe en el egoísmo o la vanidad, dan señas de un imperativo moral, de una torpe descripción de la distribución de aquello que se llama psiquismo que no está en los actos ni en las decisiones que se tomen en la vida, sino que son efecto de él.




26 de noviembre de 2010






Boot Randolph,

"Smoke gets in your eyes"














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