La estructura del aparato psíquico será representada por una máquina de escribir.

-Derrida-

HOY, donde esté Van Gogh

GRAFFITIS EN MADRID

GRAFFITIS EN MADRID
hombre en la ventana, Daniel Moreno García

“Si mi libertad no estuviera en el libro, ¿dónde estaría? Si mi libro no fuera la libertad, ¿qué sería?” -Edmond Jabès-

martes, 15 de febrero de 2011

“GARANTÍA IMAGINARIA”

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“GARANTÍA IMAGINARIA”














“Los pilares de la Tierra”, fue publicada en 1989, y se convirtió en el mayor best seller de Kent Follett.



En “El placer del texto” Barthes diferencia entre texto de goce o texto de placer.



“Los pilares de la Tierra” creo que es una lectura desde el placer y “El placer del texto” desde el goce. El primero lo leí hace 20 años; fue una lectura muy satisfactoria que terminó cuando llegué al punto final de la última página. El segundo lo empezaré de nuevo.




“Y sin embargo es el ritmo de lo que se lee y de lo que no se lee aquello que construye el placer de los grandes relatos: ¿se ha leído alguna vez a Proust, Balzac o La guerra y la paz palabra por palabra? (…)
Si acepto juzgar un texto según el placer, no puedo permitirme decir: este es bueno, este es malo. Son imposibles entonces los premios, la crítica, pues ésta implica un punto de vista táctico, un uso social y a menudo una garantía imaginaria. (…) “¡Es esto!” (…) “¿Qué significa esto para mí?” (…)



El brío del texto (sin el cual en suma no hay texto) sería su voluntad de goce: allí mismo donde excede la demanda, sobrepasa el murmullo y trata de desbordar, de forzar la liberación de los adjetivos –que son las puertas del lenguaje por donde lo ideológico y lo imaginario penetran en grandes oleadas.



Texto de placer: el que contenta, colma, da euforia; proviene de la cultura, no rompe con ella y está ligado a una práctica confortable de la lectura.




Texto de goce: el que pone en estado de pérdida, desacomoda (tal vez incluso hasta una forma de aburrimiento), hace vacilar los fundamentos históricos, culturales, psicológicos del lector, la congruencia de sus gustos, de sus valores y de sus recuerdos, pone en crisis su relación con el lenguaje.



Aquel que mantiene los dos textos en su campo y en su mano las riendas del placer y del goce es un ser anacrónico, pues participa al mismo tiempo y contradictoriamente en el hedonismo profundo de toda cultura (que penetra en él apaciblemente bajo la forma de un arte de vivir del que forman parte los libros antiguos) y en la destrucción de esa cultura, goza simultáneamente de la consistencia de su yo (es su placer) y de la búsqueda de su pérdida (es su goce). Es un sujeto dos veces escindido, dos veces perverso.“




-Roland Barthes en “El placer del texto"-





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